«Era jueves, mediados de abril. Se me acababa de terminar la leche de soja y me había bajado la regla aunque, según la aplicación del móvil y mis cálculos, tenía que venir una semana después, pero allí la tenía, en todo su esplendor. El final perfecto para otra semana perfecta. Me estaba mirando en el espejo y lo único que veía era una cara hinchada como una torta de pan y unas ojeras que parecían las de un oso panda. Que igual no era por la regla, que igual era porque me había pasado toda la noche llorando. Llevaba tres días sin lavarme el pelo y cinco sin …
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