Dos polos opuestos, una abuela entrometida y una atracción inesperada. ¿Qué podría salir mal?
Georgina:
Soy la persona con más mala suerte de la ciudad, o eso pienso cuando el explotador de mi jefe me despide por culpa de un malentendido. Ahora estoy sin blanca. Y, justo cuando creo que nada puede ir a peor, conozco a una anciana muy peculiar que me ofrece una generosa cantidad de dinero a cambio de hacerme amiga de su nieto. Una mujer normal sospecharía que aquí hay gato encerrado, pero ¿he dicho ya que estoy desesperada? Además, el susodicho no puede ser tan malo, ¿no?
¡Error!
Es el hombre más borde que he conocido …
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