Pierda el miedo al escenario y descubra cómo conquistar y seducir al auditorio.
Durante muchos años se creyó que memorizar un discurso era fundamental para exponer las ideas de manera incuestionable. Gran error. El orador debe confiar en su memoria, sí, pero más en la capacidad de ser uno con el público, debe permitir que las ideas fluyan, que el cuerpo exprese la exaltación y los gestos sean un vocablo potente y digno. Si el expositor es un hombre audaz e instruido, no es indispensable encomendarse a la memoria, mucho menos leer un documento, para fundamentar sus convicciones.
En este …
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