San Jerónimo, nido de demonios,
sombras infectas que prestas se arrastran,
heraldos negros que sus muros turban
cantando sacrílegos vaticinios...
Justicia pobre la que brindáis
si el juez que severo condena
engendra más horror y pena
que el vulgar cuatrero a quien culpáis.
Alguien (o algo) se ha infiltrado en el convento de San Jerónimo. Monjas y esclavas por igual aparecen sacrificadas en el altar, a la usanza de los sangrientos rituales precolombinos. Todas las hermanas se culpan entre sí. Todas tienen algo que ocultar. Muchas, incluso, le achacan las muertes a posesiones demoniacas.
Éste es el panorama que se …
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