Si emigrar es una forma de abolir el pasado, también es un modo rotundo de enfrentarse con él, y aunque supone desintegración y pesadumbre, también trae consigo una curiosidad por experimentar parecida a la alegría.
Una exploración del lado íntimo del desarraigo y la búsqueda de nuevas formas de vivir, invitando al lector a reconocerse en esa mujer que se atreve a empezar a ser cualquier otra, incluso ella misma.
Con más de cincuenta años -una edad tardía para emigrar-, Isabel está en Marbella, España, empujada por la crisis argentina y el deseo de escapar de la estrechez como única …
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