«No quiero tu amor, sólo tu deseo.»
Susana se exhibe en los escaparates sexuales de Amberes y se entrega a quien paga por ello. Disfruta de todas las variantes del placer, incluyendo las dolorosas; goza de los olores, de los sabores, de lo previsible y de lo insospechado, de cada parte de cada cuerpo... en especial, de los pies. Expuesta en su vitrina, es como una muñeca a merced de los deseos de quienes la contratan; es como una de las muñecas, herencia de su abuela, que la acompañan.
Mientras tanto, en una habitación alquilada, la espera Levent, a quien …
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