Un ensayo incisivo y enormemente divertido para acabar de una vez por todas con el sexismo laboral y la discriminación de género en los lugares de trabajo.
Era un club de lucha, solo que sin luchar y sin hombres. Cada mes, una docena de mujeres de entre veinte y treinta años nos reuníamos en el piso de una amiga para hablar -o más bien para quejarnos- de nuestros empleos. Éramos ambiciosas e inteligentes y luchábamos por «abrirnos paso» en Nueva York. Pensábamos que la batalla del sexismo se había ganado hacía mucho tiempo, sin embargo continuamente nos topábamos con minas …
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