Tres factos poderosos para una soledad elegida
En una época donde comer solo, viajar solo o pasar un viernes en casa sin compañía levanta sospechas, La soledad elegida, de Emily Atallah, nos invita a cambiar el lente. Lejos de verla como castigo o tragedia, la autora propone entender la soledad como lo que también puede ser: un espacio íntimo, nutritivo y sorprendentemente poderoso para conocernos mejor, bajar el volumen del ruido externo y reconectar con lo que de verdad queremos. Porque, a veces, estar a solas no es drama… es autocuidado.
Amabook: La soledad elegida suena más a lujo que a tragedia. ¿En qué momento la soledad dejó de ser drama y se volvió autocuidado premium?
Emily: Creo que la soledad es una realidad existencial. Todos en algún momento pasamos por etapas de soledad que pesan y enferman. Lo importante es que, al hablar y reflexionar sobre ella, le quitemos el tinte de drama y de tabú que tiene y, poco a poco, vayamos desprendiéndonos de tantas creencias que no nos permiten verla con otros ojos.
Podemos aprender a transitarla y, con diversas herramientas, transformarla en crecimiento personal e incluso elegirla para conectar con nosotros mismos y con nuestro entorno. Cuando dejamos de quejarnos por estar solos y logramos ver la soledad de manera diferente, nos damos cuenta de que se convierte en un espacio muy rico: una oportunidad para darnos amor propio, para conocernos mejor, para hacernos preguntas importantes sobre quiénes estamos siendo en este momento, reevaluar nuestro camino de vida, contactar nuevamente con nuestra misión y con lo que queremos dejar en el mundo.
Amabook: Para estar solo y ser feliz se deben romper creencias y costumbres. ¿Cuál es la costumbre social más sobrevalorada que este libro se atreve a mandar a “silencio”?
Emily: Me parece que debemos dejar de ver la soledad como algo malo y como una carencia que nos impide estar completos, plenos y felices. Solo así podremos abrazarla y darle otra connotación, para elegir pareja, amistades y situaciones desde la abundancia que somos y no desde la necesidad externa de un otro que nos complemente.
De ahí se desprende otra creencia muy importante: que deje de ser un imperativo tener que estar en pareja y/o tener hijos para contar con alguien que nos cuide en la vejez. La soledad nos da autonomía y nos ayuda a entender que nuestro cuidado depende de nosotros mismos y que no hay nadie que lo haga mejor que nosotros. Podemos armar mejores redes de apoyo y la amistad cobra relevancia.
Amabook: Si alguien abre La soledad elegida pensando que va a leer algo triste, ¿en qué momento se dará cuenta de que este libro habla más de plenitud que de aislamiento?
Emily: Desde el primer momento hablo de una realidad innegable: la soledad no se trata de cuántas personas nos rodean, sino de conexión interior. Muchas veces estamos rodeados de familia y amigos, tenemos éxito laboral y una agenda social llena, y aun así nos sentimos abrumadoramente solos. Otras veces nos retiramos a hacer una caminata en la montaña, conectamos con la naturaleza y con nosotros mismos, y nos sentimos plenos y en paz.
La soledad es nuestro estado natural: nacemos solos y morimos solos, y nuestra vida es únicamente responsabilidad personal. Y eso nos da miedo. Hay una gran responsabilidad en cada decisión donde no podemos culpar a nadie más por los resultados, los errores, los sufrimientos, la incertidumbre y las expectativas.
Como sucede con muchos temas difíciles, el miedo nos ha llevado a querer esconderla y huir de ella, lo cual no la hace desaparecer; por el contrario, el malestar crece hasta que debemos hacer algo con él, o enfermamos, e incluso morimos. ¿Sabías que la soledad mata más que el cigarrillo? La buena noticia es que cuando la abrazamos y la hacemos cercana. La soledad nos ayuda a tomar buenas decisiones, a escuchar nuestra intuición y alejarnos del peligro.

